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miércoles, 2 de octubre de 2013

Una actividad de riesgo: el trasvase

Ayer realizé el trasvase de la cerveza de un fermentador a otro, dejando así las impurezas y restos del mosto en el primero. Hice dicho proceso porque así venía recomendado en las instrucciones del kit de malta que compré.
El objetivo del trasvase es reducir la turbiedad de la bebida y clarificarla, dejando aparte precipitados y restos del grano. Pero esto alberga un cierto riesgo. El principal es que al abrir el contenedor puedes contaminar el mosto, por lo tanto hay que extremar la higiene. Por otro lado se puede producir una parada en el proceso de fermentación ya que también eliminas levaduras. De hecho, en las anteriores cervezas que hice no realicé el trasvase hasta el día del embotellado.
Cuando abres un contenedor que lleva varios días fermentando no diría que el olor que se percibe puede hacerte recordar  aromas exóticos, que te embriagarán trasladándote a un universo de sensaciones mágicas. No. Un fermentador recién abierto huele a RAYOS. Por lo tanto no hay que asustarse por la bofetada de alcohol concentrado que te da en la cara cuando lo haces por primera vez. Eso tan asqueroso después se refinará en una estupenda cerveza espumosa y fresquita.
Os dejo un vídeo de cómo fue el proceso. ¡Ya queda poco para el embotellado!
















domingo, 29 de septiembre de 2013

Ha llegado el día!

Me levanté temprano esta mañana, con ilusión y optimismo por iniciar mi primera cocción de una cerveza "todograno" y el resultado ha sido... un infierno!!!!
Añadiendo los 4.5 kilos de malta a 9
litros de agua.
El proceso, que debería haber durado unas 4 horas aproximadamente, me ha ocupado todo el día. Ha sido realmente difícil controlar las temperaturas de maceración, el filtrado lentísimo y  la densidad resultante altísima. ¿Qué quiere decir todo esto? Como diría
el torero, se podría resumir en dos palabras: cerveza casera.
Mucho antes de iniciar esta aventura, he visitado infinidad de foros y blogs sobre este asunto. Cuando lees los manuales, ves que es un proceso laborioso y lento, pero que con cuidado parece fácil de llevar a cabo. Pero en la realidad te ocurren cosas que ni "San Google" es capaz de resolver, por mucho que se lo meta en su buscador.
Con las manos en la masa.
El saco de tela usado para hacer el filtrado era demasiado grueso. Eso pasa por querer ahorrarse unos eurillos. Por lo tanto ha habido que estrujarlo para extraer todo el líquido posible. Gracias a la ayuda de un amigo esto ha sido un poco más rápido. Visto el poco rendimiento de esta técnica coloqué un tapa salpicaduras a modo de colador y la cosa mejoró.
Una vez lavada la malta, la puse a hervir. Tardó como unos 30 minutos en arrancar (cosas de usar una vitrocerámica) y esperar unos 90 minutos.
Lavando la malta.
El método con los extractos de maltas preparados es mucho más simple. Permite un mejor control de la cantidad final de mosto y su densidad. Pero con el grano es un tanto impredecible. Este absorbe parte del líquido y deja un poso en el fondo del fermentador que es bastante sospechoso.
La maldita bolsa de tela.
Después, el enfriado ha durado una eternidad (algo apropiado para que los gérmenes entren en el mosto).
Para colmo, antes de añadir la levadura para comenzar la fermentación, tomé una muestra para ver la densidad. ¡Era altísima! He añadido más agua al mosto para rebajarla, siendo esto una maniobra un poco arriesgada.
Ya está en el fermentador, esperando que la levadura cumpla su cometido y pueda salvar algo de todo este trabajo. Dentro de tres días hay que realizar un trasvase. Ya veré que ocurre.